Midiendo la salud financiera: Findex amplía su alcance
La salud financiera está ganando protagonismo en las agendas políticas globales -desde las cumbres del G20 hasta las conferencias de la ONU- a medida que los países enfrentan la volatilidad económica y una creciente vulnerabilidad de los hogares. En 2024, la salud financiera fue destacada por la Alianza Global para la Inclusión Financiera (GPFI) del G20 y mencionada en el Documento Final de Financiamiento para el Desarrollo de la ONU, lo que señala un reconocimiento más amplio de su papel en el crecimiento económico inclusivo y la resiliencia de los hogares.
A medida que crece el impulso, también lo hace la necesidad de una mejor medición. Las prioridades de desarrollo no pueden perseguirse eficazmente sin una comprensión clara de cómo se ve el progreso en la vida de las personas — y cómo rastrearlo. Sin embargo, en lo que respecta a la salud financiera, la comunidad global aún está en las primeras etapas de desarrollar métodos consistentes y prácticos para medirla, especialmente porque abarca contextos nacionales diversos y actores institucionales del sector privado.
A diferencia de otras prioridades políticas, no existe un consenso global ampliamente aceptado sobre cómo medir la salud financiera. La mayoría de los esfuerzos hasta ahora han sido nacionales o subnacionales. Países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y México han lanzado encuestas dedicadas a la salud financiera, mientras que otros -como Kenia, Ruanda y Colombia- han incluido módulos sobre salud financiera dentro de encuestas más amplias sobre finanzas del consumidor. Algunos bancos, organizaciones de microfinanzas y empresas fintech también están desarrollando encuestas y métricas para entender la salud financiera de sus clientes.
Sin embargo, estos esfuerzos nacionales siguen siendo fragmentados, lo que dificulta comparar resultados y alinear a los actores públicos y privados en torno a resultados compartidos. La salud financiera está notablemente ausente en las encuestas globales — siendo el indicador de resiliencia financiera del Global Findex una excepción significativa.
Una perspectiva global sobre la salud financiera
Medir la salud financiera es una tarea compleja, y el primer paso necesario es definir claramente qué significa el concepto. En 2024, el GPFI definió el “bienestar financiero” -ampliamente aceptado como sinónimo de salud financiera- como la capacidad de las personas para hacer cuatro cosas, teniendo en cuenta los contextos nacionales:
- Gestionar sus necesidades y obligaciones financieras (el día a día).
- Perseguir aspiraciones y metas, y aprovechar oportunidades (construyendo el mañana).
- Enfrentar shocks financieros (ser resiliente).
- Sentirse satisfechos y seguros respecto a su vida financiera (factor de confianza).
- Sin embargo, más allá de usar esta definición para categorizar indicadores ya existentes en el mundo, el GPFI no propuso un marco de medición global, reflejando el reconocimiento entre sus miembros de la importancia de integrar la medición en los sistemas locales mientras se promueve una ambición compartida en los resultados.
Cómo el Global Findex 2025 enfrenta el desafío
Lanzado originalmente en 2011 para medir la tenencia de cuentas, el Findex ha evolucionado para ofrecer una visión más profunda sobre cómo las personas realmente usan los servicios financieros. Al preguntar qué tan difícil sería reunir fondos de emergencia y de dónde provendrían, el Findex dio un paso temprano e importante hacia la medición de resultados en 2014, ayudando a entender cómo los servicios financieros contribuyen a la resiliencia de las personas. Sin embargo, hasta ahora ha puesto menos énfasis en otras dimensiones de la salud financiera.
El Findex 2025 da un paso importante al ampliar su enfoque para capturar más dimensiones de la salud financiera, ayudando a cerrar una brecha crítica de datos a nivel global. Ahora aborda las cuatro dimensiones definidas por el GPFI, aunque en distintos grados.
La resiliencia sigue siendo la dimensión más ampliamente cubierta. En línea con ediciones anteriores, el Findex 2025 continúa preguntando si los adultos podrían reunir una suma de emergencia (equivalente al 5% del ingreso nacional bruto per cápita de su país) en 30 días, y de dónde obtendrían los fondos.
Por primera vez, la encuesta también pregunta cuánto tiempo podrían seguir cubriendo los gastos del hogar si perdieran su principal fuente de ingresos. También profundiza en los shocks de salud, como si las personas pidieron préstamos por razones médicas, y explora las consecuencias financieras de eventos climáticos preguntando si han experimentado desastres naturales o clima extremo en los últimos tres años y si esto provocó pérdida de ingresos o interrupción en el acceso a servicios financieros.
Las nuevas preguntas en el Findex 2025 también fortalecen la cobertura de las otras tres dimensiones definidas por el GPFI.
A diferencia de algunas encuestas nacionales, el Findex no pregunta directamente si las personas pueden gestionar sus gastos diarios. Pero ofrece pistas. En 2025, introduce dos nuevas preguntas para captar comportamientos de gestión financiera a corto plazo: si las personas guardan dinero en una cuenta para gastos inmediatos, y si al recibir pagos de salarios o del gobierno, retiran todo el monto o dejan parte en la cuenta.
La salud financiera no se trata solo de sobrevivir hoy; también implica estar en posición de enfrentar metas, aspiraciones y oportunidades futuras. En este aspecto, el Findex amplía la edición anterior al introducir nuevas preguntas sobre préstamos para invertir en negocios, y repite una pregunta sobre ahorro para la vejez. Por primera vez, también pregunta si las personas han tomado préstamos para invertir en negocios, destacando cómo el crédito puede abrir nuevas oportunidades.
En cuanto a la última dimensión del GPFI -el llamado “factor de confianza”- el Findex 2025 incluye preguntas sobre preocupaciones financieras, pero ofrece una cobertura limitada más allá de eso.
¿Podemos equilibrar los referentes globales con las realidades locales?
El Findex 2025 no ofrece una imagen global completa de la salud financiera, pero representa un avance significativo. Sus preguntas sobre fondos de emergencia — reflejadas en varias encuestas nacionales — podrían ser lo más cercano a un indicador global aplicable. Su fortaleza radica en su capacidad para ajustarse al contexto local (a través del ingreso nacional bruto per cápita) y en que no prescribe tipos específicos de shocks financieros.
Aun así, la resiliencia es solo una parte del panorama. La cobertura del Findex sobre las otras tres dimensiones sigue siendo limitada. Para avanzar más, sería necesario no solo agregar más preguntas para construir datos sólidos en cada dimensión, sino también resolver el debate de larga data sobre si un enfoque global puede ser suficientemente sensible al contexto local. Por ejemplo, lo que constituye gastos diarios típicos en Kenia será diferente en Suiza. Esta tensión explica la decisión del GPFI en 2024 de no proponer un estándar global — y sigue siendo un área que requiere mayor exploración.
A pesar de los desafíos, existe un consenso creciente de que el progreso en la medición de la salud financiera dependerá de una mayor colaboración entre los distintos actores, incluidos las autoridades del sector financiero, los proveedores de servicios financieros y los investigadores.
Esto implica no solo avanzar en las encuestas del lado de la demanda, sino también experimentar con datos del lado de la oferta. Los datos administrativos de los proveedores -como el uso de cuentas, pagos atrasados o saldos de ahorro- pueden ofrecer información en tiempo real y de bajo costo sobre el bienestar de las personas, y podrían complementar valiosamente las herramientas basadas en encuestas, incluidas aquellas que identifican preocupaciones como el sobreendeudamiento.
El Global Findex ha demostrado que es posible establecer referentes globales, pero también que sus límites deben ser reconocidos. No debería asumir esta carga por sí solo. Otros actores están interviniendo: en septiembre de 2024, la UNSGSA adoptó la salud financiera como una prioridad estratégica, y la iniciativa Financial Inclusion 2.0 de CGAP está trabajando activamente para avanzar en este campo mediante el desarrollo de orientaciones para las autoridades nacionales del sector financiero y el sector privado sobre indicadores para medir la salud financiera.
Muy pertinente el documento, saludo la forma autocrítica en la que se reconocen los avances, pero también las limitaciones en la medición y la adaptación a los contextos, creo que mantener abierta la conversación de manera franca es un muy buen logro. Desde la Fundación WWB tenemos mucho interés en promover acciones sobre la salud (bienestar financiero) y tenemos en estos momentos conversacines sobre la importancia de incorporar la "reputación financiera" y abordar la problemática de la exclusión como un aspecto cada vez mas importante, Nuestra reflexión está alrededor de la barrera que supone perder tu historial financiero y ser "penalizado", lo cual en nuestro caso te genera un reporte negativo en centrales que son consultadas por servicios financieros y que impiden a quien esté "reportado", acceder a créditos u otros productos financieros.
Dejo aquí la reflexión y espero pronto compartir un documento mas amplio sobre nuestros hallazgos en Colombia a este respecto. Ser excluido del sistema afecta tremendamente tu salud (bienestar) financiera.
La inclusión financiera debería traducirse en una mejor salud financiera, y esto no siempre ha sucedido, así que me parece muy necesaria la medición de ambos conceptos.
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