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Pix y el camino hacia la resiliencia climática en Brasil

Cómo lograr que el financiamiento climático llegue a quienes más lo necesitan
Árbol seco junto a un sendero de tierra que atraviesa el campo.

En el Sertão brasileño, una región semiárida del noreste del país, los pequeños agricultores enfrentan sequías cada vez más intensas que amenazan su subsistencia. En las comunidades ribereñas que se desprenden del Amazonas, los ríos se están secando o inundando, afectando el transporte y el acceso a escuelas, alimentos y servicios básicos. Las comunidades indígenas lidian con sequías e incendios que ponen en riesgo su modo de vida. Y en las ciudades costeras, la subida del nivel del mar representa una amenaza creciente.

Los proyectos locales de adaptación climática trabajan con estas comunidades para fortalecer su capacidad de enfrentar los cambios del clima. Y, a medida que el calentamiento global se acelera, este tipo de iniciativas se vuelven aún más esenciales. Sin embargo, necesitan financiamiento. Aunque los compromisos internacionales de financiación climática han aumentado en los últimos años, muy poco de ese dinero llega realmente a las comunidades locales más afectadas por la crisis climática.

De los US$ 1,9 billones en financiación climática en 2023, la gran mayoría se destinó a proyectos de mitigación -principalmente a reducir emisiones en energía, transporte, edificios e infraestructura. Menos del 4% fue dirigido a la adaptación. Y de ese pequeño porcentaje, todavía menos llegó a proyectos centrados específicamente en comunidades locales. Con demasiada frecuencia, los fondos se quedan en manos de intermediarios, como bancos multilaterales, agencias gubernamentales y ONG internacionales, muchas de ellas con sede en países donantes. Si bien la movilización internacional y regional es necesaria, existe evidencia de que la financiación climática a nivel local puede ofrecer resultados más efectivos, eficientes y sostenibles.

Entonces, ¿cómo hacer para que el financiamiento climático llegue realmente a quienes más lo necesitan?

Con responsables políticos, negociadores e implementadores reunidos en Brasil para la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático (COP30), esta pregunta debería estar en el centro de la discusión. Y deberían mirar hacia Brasil. El país podría tener ya una de las claves en la mano: Pix, el sistema de pagos instantáneos desarrollado por el Banco Central.

El potencial de Pix

En un artículo publicado este año, el economista y premio Nobel Paul Krugman destacó a Pix como un posible “futuro del dinero”, capaz de ofrecer transacciones de bajo costo e inclusión financiera a gran escala. De hecho, Pix es considerado uno de los motores principales del crecimiento de los servicios financieros digitales en Brasil. En 2024, 120 millones de brasileños -el 71% de la población- accedieron a bancos o instituciones financieras por internet, 22 millones más que en 2022.

Pix ya forma parte de la vida cotidiana del país. Su uso gratuito para personas, sus bajos costos para comercios, su rapidez y seguridad son ampliamente reconocidos. Pero su impacto va más allá: fomenta la formalización económica, genera datos que facilitan el acceso al crédito e integra políticas sociales como la Cuenta de Ahorro Social Digital vinculada al programa Bolsa Família. Además, Pix puede servir como infraestructura para pagos de seguros, indemnizaciones, asistencia de emergencia y programas de protección social.

Pix como canal para el finaciamiento climático

Durante las devastadoras inundaciones de 2024 en Rio Grande do Sul, Pix se convirtió en el principal canal de donaciones: personas, empresas y ONG recaudaron millones casi de inmediato, demostrando la capacidad del sistema para transferir recursos directamente a quienes los necesitan. Al mismo tiempo, surgieron riesgos, ya que estafadores aprovecharon el aumento de la solidaridad. Esa experiencia evidenció la necesidad de mecanismos de financiación preestablecidos que lleguen a las personas de manera rápida y eficiente, pero también con fuertes salvaguardas.

Aprendiendo de esa lección, Pix podría mejorar la forma en que se transfieren recursos para la respuesta a desastres y, más allá de eso, servir como vía para canalizar financiación climática hacia iniciativas locales de adaptaciónPor ejemplo:

  • Las familias podrían usar cuentas vinculadas a Pix para ahorrar pequeñas cantidades para resiliencia, con aportes equivalentes de gobiernos o donantes.
  • Las primas de seguros accesibles podrían cobrarse fácilmente, reduciendo barreras para hogares de bajos ingresos. La función de pagos recurrentes de Pix facilita aún más los pagos mensuales.
  • Pix podría canalizar pagos de seguros contra desastres, subsidios de adaptación o transferencias humanitarias directamente a los hogares.
  • Programas existentes como Bolsa Família podrían integrar componentes de resiliencia climática, subsidiando semillas resistentes, cocinas limpias o sistemas de energía solar.
  • Pix podría servir como infraestructura para herramientas financieras inclusivas que ayuden a las familias a soportar impactos climáticos, como cuentas de ahorro y seguros paramétricos. Las cuentas de ahorro brindan un colchón frente a pérdidas repentinas, mientras que los seguros paramétricos permiten pagos rápidos y automáticos cuando la lluvia, el viento o la temperatura superan ciertos umbrales críticos.

Brasil puede mostrar el camino

Pix demuestra cómo una infraestructura pública que democratiza el acceso a los servicios financieros puede ser fundamental en momentos de crisis. Con la COP30 en marcha, Brasil tiene la oportunidad de mostrarle al mundo que la innovación digital y la inclusión social deben ser pilares centrales de la transición climática. Además, a medida que avanza el reconocimiento global de la justicia climática, podría aumentar la necesidad de canales eficaces para transferir recursos vinculados a compensaciones y reparaciones climáticas.

Aprovechar instrumentos de financiamiento de riesgos preestablecidos combinados con plataformas de pago instantáneo como Pix permitiría que los recursos lleguen rápidamente a las comunidades en la primera línea de la crisis climática. En un momento en que el debate mundial gira en torno a cómo canalizar recursos prometidos, pero aún no entregados, Brasil puede aportar un componente clave para la arquitectura del financiamiento climático.

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