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Cambio colectivo en México que redefine la inclusión financiera de las mujeres

Movilizar a todo un sector financiero hacia la igualdad de género requiere responsabilidad compartida, reforma institucional y acción colectiva.
Mujer mexicana modelando barro con sus manos.

¿Qué se necesita para movilizar a todo un sector financiero hacia la igualdad de género? En México, la respuesta empieza a tomar forma: responsabilidad compartida, reforma institucional y acción colectiva.

Un diagnóstico encargado por la Secretaría de Hacienda de México en 2023 reveló que solo el 41% de las instituciones financieras reportaba analizar o diagnosticar la brecha salarial de género, mientras que apenas el 60% afirmaba contar con protocolos de igualdad salarial. Sin embargo, en este Día Internacional de la Mujer hay razones genuinas para el optimismo. Trece de las principales instituciones financieras de México, que incluyen bancos comerciales y de desarrollo, cooperativas de ahorro y préstamo, instituciones microfinancieras, afores, aseguradoras y Fintech, se han unido a una Comunidad de Práctica, pionera en su tipo, para transformar de fondo la forma en que atienden a sus clientas, empezando por cambiar sus propias instituciones desde dentro.

Lanzada en diciembre de 2025 con la facilitación de CGAP, la Comunidad de práctica no es un piloto de producto ni una iniciativa de marketing. Es un compromiso estructurado y de largo plazo con la reforma institucional en favor de la igualdad de género y la inclusión financiera de las mujeres.

Y esa diferencia importa.

México tiene un sólido historial en igualdad de género

En los últimos años, México ha construido un impulso político real en torno a la igualdad de género. La presidenta Claudia Sheinbaum lo dejó claro al declarar: “Es tiempo de mujeres”, durante su discurso de toma de posesión ante el Congreso en octubre de 2024. A este mensaje le siguió una reforma al artículo 4º de la Constitución mexicana, que garantiza la igualdad salarial, busca eliminar las brechas de ingresos y obliga al Estado a eliminar las barreras estructurales que limitan los derechos de las mujeres.

El sector financiero del país también ha avanzado. México es uno de los pocos países donde se realizan encuestas periódicas de inclusión financiera y donde, desde 2016, las instituciones financieras están obligadas a reportar datos desagregados por sexo a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Esto ha permitido identificar con claridad tendencias y brechas de género.

La aparente brecha inversa de género en las cuentas de depósito, donde las mujeres parecen tener mayor participación, oculta que aún queda mucho por hacer para ayudarlas a planificar el futuro y enfrentar crisis económicas. Solo el 34% de las mujeres tiene ahorros para el retiro, frente al 51% de los hombres, y apenas el 18% tiene algún producto de seguro, en comparación con el 28% de los hombres. Además, solo el 28% de las mujeres en México reporta ser propietaria de una vivienda.

Entre los bancos comerciales, el 38% de los créditos hipotecarios se otorgan a mujeres; en cambio, en los bancos de desarrollo del gobierno, solo el 7% de estos préstamos se concede a mujeres.

Los reguladores también encontraron que el acceso de las mujeres al crédito no reflejaba su buen desempeño en pagos. En 2021, las autoridades redujeron las provisiones por pérdidas para los préstamos otorgados a mujeres, lo que generó avances modestos iniciales, como tasas de interés ligeramente más bajas y montos de crédito más altos.

En 2022, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) lanzó el CIIGEF (Comité para la Igualdad de Género en las Instituciones Financieras), una plataforma interinstitucional única para coordinar y promover acciones a favor de la igualdad de género en el sistema financiero. Los diagnósticos y datos producidos por CIIGEF han ofrecido al sector financiero mexicano una visión compartida y honesta de sus rezagos: en promedio, solo el 30% de las instituciones encuestadas cuenta con una estrategia de género con indicadores para medir avances; apenas el 14% tiene al menos un producto diseñado específicamente para mujeres; y solo el 43% considera que las mujeres necesitan productos financieros con características distintas a los ofrecidos a los hombres.

La acción colectiva como motor

Muchas instituciones financieras responden al desafío de la inclusión lanzando un producto: quizás un crédito para mujeres o una cuenta de ahorro con un logotipo rosa. Estos pilotos aparecen y desaparecen, y la mayoría no logra escalar porque tratan un problema sistémico como si fuera simplemente un problema de diseño.

Por ello, a solicitud del CIIGEF, CGAP y el Grupo Banco Mundial desarrollaron un conjunto de 10 lineamientos para ayudar a las instituciones financieras a adoptar una verdadera perspectiva de género, no solo en su catálogo de productos, sino de manera integral: en su cultura organizacional, sus prácticas de datos, su personal y su gobernanza. Los lineamientos reconocen que las mujeres representan un segmento de clientela distinto, rentable y crónicamente desatendido, y que atenderlo bien exige enfrentar los sesgos de género incrustados en los procesos institucionales.

Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que los lineamientos por sí solos no cambian a las instituciones. Implementarlos requiere recursos y, con frecuencia, termina quedando en segundo plano. Por ello, distintas autoridades financieras han adoptado enfoques diversos para apoyar su implementación.

En Ecuador, por ejemplo, la regulación de las instituciones financieras de la economía popular y solidaria exige que estas adopten estrategias de género con metas medibles y publiquen indicadores de género en sus sitios web, desde el monto promedio de crédito otorgado a mujeres hasta el porcentaje de promociones internas concedidas a mujeres.

En Zambia, la autoridad supervisora capacita a bancos y proveedores de servicios financieros digitales en el uso de la herramienta FAMOS de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), e incorpora revisiones de los resultados y cambios implementados durante sus procesos regulares de supervisión.

En México, el enfoque apuesta por avances graduales y aprendizaje colectivo. Así nació la Comunidad de práctica. Esta iniciativa reúne a las instituciones participantes en un espacio colaborativo para compartir experiencias, metodologías, obstáculos reales y soluciones prácticas. Genera un impulso que ninguna institución podría sostener por sí sola, y también un nivel de rendición de cuentas que mantiene el trabajo en marcha.

Una forma única de aprender juntas

“Cerrar la brecha de género en el sector financiero requiere intención y estrategia”, afirma Judith Nieto, Gerente Senior de Relaciones con la Industria en Clip y miembro de la Comunidad. “Mi compromiso no es solo mejorar el entorno para todas las clippers, sino generar una hoja de ruta que sirva de base para que más instituciones financieras aceleren su camino hacia la igualdad”. 

Las 13 instituciones participantes ya completaron un autodiagnóstico para evaluar su situación actual e identificar prioridades. A partir de ese ejercicio, cinco lineamientos aparecieron como prioritarios desde el punto de vista estratégico:

  • Desarrollar una política de género (Lineamiento 2)
  • Analizar la demanda de las mujeres (Lineamiento 7)
  • Implementar la política (Lineamiento 3)
  • Adaptar o crear productos (Lineamiento 8)
  • Capacitar al personal (Lineamiento 5)

Durante los próximos 18 meses, la Comunidad trabajará mediante presentaciones de expertos, estudios de caso y “sprints” de diseño orientados a producir soluciones que las instituciones participantes puedan implementar realmente. Las lecciones que se generen tendrán relevancia mucho más allá de México, ofreciendo un modelo replicable para América Latina y otras regiones del mundo.

“La inclusión financiera de las mujeres no ocurre por casualidad. Se construye con intención, estrategia y colaboración”, señala Perla Martínez, directora senior de Cultura en Caja Popular Mexicana y miembro de la Comunidad. “Participar en esta Comunidad de Práctica nos permite fortalecer nuestro compromiso de construir una organización más inclusiva, donde la equidad no sea solo un discurso, sino una práctica cotidiana”.

El cambio institucional es un trabajo poco glamoroso. No genera titulares como el lanzamiento de un nuevo producto. Pero es lo que hace que esos titulares sean sostenibles. El sector financiero en México, con la SHCP liderando el proceso y 13 instituciones dispuestas a rendir cuentas, está haciendo lo más difícil pero lo más importante. Eso merece celebrarse en el Día Internacional de la Mujer y observarse de cerca en los meses por venir.

Más allá de México, CGAP también está apoyando coaliciones nacionales en Marruecos e India, donde cada país está creando su propia estructura y su propio camino de acción colectiva para abordar las barreras estructurales que limitan la plena inclusión de las mujeres en el sector financiero.

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