Finanzas digitales que hablan tu idioma
Imagina por un momento que eres un agricultor o agricultora que vive en una pequeña comunidad rural en las tierras altas de Kenia. Desde que tienes memoria, has producido café Arábica de calidad para exportación. Sin embargo, últimamente tus plantas de café han sido devastadas por la plaga de la roya. Cada vez más personas que conoces han solicitado préstamos para comprar nuevas variedades resistentes a enfermedades y fungicidas, pero tú aún no te sientes del todo cómodo con la idea de endeudarte. La última vez que lo intentaste, no lograste entender bien los términos del préstamo ni los calendarios de pago.
Un familiar más joven te muestra un tutorial de dinero móvil en su teléfono para ayudarte a aprender lo básico sobre cómo solicitar un préstamo. La capacitación está en inglés, no en suajili, y solo entiendes un poco gracias a tus pocos años de escolaridad, pero intentas seguirla. Los ejemplos del tutorial muestran cómo usar el dinero móvil para acceder a un préstamo, pero todos presentan personas que se ven muy diferentes a ti y viven en entornos urbanos desconocidos, realizando actividades muy alejadas de tu realidad. No logras identificarte. Empiezas a preguntarte si, después de todo, un préstamo es realmente para ti.
La necesidad de mejorar la alfabetización financiera digital
Lamentablemente, esta situación no es solo producto de tu imaginación. Aunque los programas de alfabetización financiera digital (DFL, por su sigla en inglés) están creciendo en todo el mundo en desarrollo, muchos de ellos no se ofrecen en los idiomas locales que las personas utilizan en su vida diaria. Además, suelen presentar contenido genérico que no están adaptados a las culturas locales.
Así, aunque el acceso a los servicios financieros digitales (SFD) ha crecido enormemente en la última década, millones de personas aún no saben cómo utilizarlos de manera segura o con confianza. Por eso es tan importante mejorar la educación financiera digital: para ayudar a personas como tú –el o la agricultora rural keniana– a acceder, utilizar y beneficiarse de los servicios financieros con confianza y seguridad.

Fuente: The digital financial literacy toolkit: Addressing the gap in low- and middle-income countries (GSMA).
La importancia de adaptar la alfabetización financiera digital al contexto local
Para probar contenido de educación financiera digital con usuarios reales, la GSMA Mobile for Development Foundation se asoció con Visa Inc. y Safaricom Kenia. Descubrimos que el contenido de alfabetización financiera digital es más eficaz cuando se adapta al contexto local: es decir, cuando se ofrece en el idioma de las personas, refleja sus culturas y presenta situaciones de la vida real con las que pueden identificarse. ¿Por qué funciona la localización?
- Facilita la comprensión: Las personas entienden mejor cuando el contenido está en su propio idioma y se explica de forma natural.
- Genera confianza: Los ejemplos cercanos a la vida cotidiana hacen que el contenido sea más creíble.
- Promueve cambios de comportamiento: Las personas se sienten más cómodas probando nuevas herramientas financieras digitales y usándolas de forma continua.
Cinco formas de adaptar el contenido de alfabetización financiera digital
La localización no consiste solo en traducir el contenido a un idioma local. Es un proceso más amplio que incluye al menos cinco áreas clave de adaptación:

1. Adaptación lingüística: Desarrollar contenido en idiomas locales es el punto de partida y es fundamental. Las personas no pueden aprender eficazmente si el contenido no está en el idioma que mejor comprenden. Por ejemplo, los tutoriales de alfabetización financiera deberían ofrecerse en suajili, hausa, amárico o chichewa –no solo en inglés– para llegar a personas con bajos niveles de alfabetización que probablemente solo hablan un idioma vernáculo. En los pilotos de GSMA y Visa, ofrecer contenido en idiomas familiares ayudó a ampliar el acceso, especialmente entre quienes usaban estos servicios por primera vez.
2. Adaptación cultural y contextual: La localización realmente cobra vida cuando el contenido educativo no solo se traduce, sino que también se adapta a la cultura local. Las personas se conectan con ejemplos que reflejan su vida diaria y están arraigados en sus propias tradiciones y medios de vida. Adaptar el contenido a las necesidades específicas de distintos grupos –como agricultores, microcomerciantes y mujeres– aumenta su relevancia e impacto. Por ejemplo:
- Usar historias que incluyan conceptos familiares, como grupos informales de ahorro –chamas, susu, o tontinas– en lugar de explicar el ahorro únicamente en términos bancarios.
- Describir situaciones reales, como los ingresos estacionales de los agricultores o las ganancias diarias de los microcomerciantes.
Este tipo de ajustes hace que los conceptos nuevos resulten cercanos en lugar de extraños o complicados.
3. Adaptación visual: Las imágenes, íconos e ilustraciones pueden facilitar o dificultar la comprensión, especialmente para personas con bajos niveles de alfabetización. Por ejemplo:
- Mostrar un puesto de mercado, un conductor de boda boda o un vendedor de verduras al explicar los pagos móviles.
- Incluir diversidad de personas (hombres y mujeres, distintas edades y capacidades).
- Utilizar símbolos fácilmente reconocibles para representar dinero, riesgo o seguridad.
Cuando lo visual se siente “local”, la comprensión mejora notablemente.
4. Adaptación del canal de distribución: Incluso el mejor contenido puede fallar si se entrega a través de un canal inadecuado. Es necesario llegar a las personas donde están. Por ejemplo:
- Ofrecer contenido principalmente en formato de audio para audiencias con baja alfabetización.
- Identificar los canales de información más utilizados dentro de una comunidad específica para llegar al mayor número de personas.
Combinar lo digital con lo presencial, aprovechando la amplia red de agentes que interactúan diariamente con los usuarios. La localización sin alcance es un esfuerzo desperdiciado.
5. Adaptación en accesibilidad: El contenido debe ser inclusivo para todos, independientemente de su nivel de alfabetización, tipo de dispositivo o experiencia digital. Por ejemplo:
- Dividir tareas (como enviar dinero o consultar un saldo) en pasos simples con capturas de pantalla.
- Diseñar contenido que funcione en teléfonos inteligentes básicos o con conexiones lentas.
- Usar un lenguaje sencillo y evitar tecnicismos.
La accesibilidad es clave para que la localización beneficio a los usuarios más vulnerables.
Cómo llevar la localización a la práctica
Si eres un proveedor de servicios financieros digitales, una organización de desarrollo o una ONG que se pregunta cómo aplicar estas ideas, aquí tienes algunos puntos de partida:
- Habla con usuarios reales. Comprende su vida diaria, idiomas, hábitos y dificultades financieras.
- Co-crea contenido con quienes realmente lo usarán: grupos comunitarios, agentes, asociaciones de mujeres comerciantes, grupos de agricultores u otros.
- Prueba y ajusta. No asumas que tu primera versión funcionará. Pruébalo, recoge retroalimentación y mejora.
- Capacita a tus agentes. Son un punto clave de contacto y confianza con los usuarios. Agentes bien formados, de ambos sexos, pueden reforzar los mensajes localizados y generar confianza.
- Mejora continuamente. Analiza qué funciona, qué no y por qué. Luego ajusta tu enfoque.
Mejorar la alfabetización financiera digital requiere más que un video, un cartel o una capacitación aislada. También implica ir más allá de contenido genérico. Las personas necesitan orientación que hable su idioma, literal y culturalmente.
Por eso la adaptación al contexto local es tan importante: transforma las finanzas digitales de algo intimidante a algo útil, fomentando un uso más seguro y confiado. Y, en última instancia, puede ayudar a que los nuevos usuarios conviertan el acceso financiero digital en mayor resiliencia y en una mejor capacidad para planificar su futuro.
¿Has trabajado en un programa de alfabetización financiera digital o conoces un proyecto que haya logrado adaptarse con éxito a su contexto local en América Latina y el Caribe? ¿Qué aprendizajes, desafíos o buenas prácticas destacarías? Te invitamos a compartir tu experiencia en los comentarios. Tus aportes pueden ayudar a otros colegas y organizaciones a diseñar soluciones más inclusivas, relevantes y efectivas.