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La baja inclusión financiera no es culpa de la demanda, sino de la oferta

¿Por qué siguen siendo los avances en la tenencia y el uso de servicios financieros tan limitados en México? La clave está en diseñar productos relevantes para la mayoría de la población.
Calle Dinero, en Guadalajara, México. Crédito de foto: Gabriela Zapata.

Después de muchos años, esfuerzos y discursos a favor de la inclusión financiera, ¿por qué siguen siendo los avances en la tenencia y el uso de servicios financieros tan limitados en México? Ha sido más fácil culpar a la demanda de desconocimiento de la oferta, que asumir que la oferta no ha sabido (o querido) diseñar productos relevantes para la mayoría de la población. 

La población no atendida o subatendida por el sistema financiero, mal que bien, se resuelve la vida como puede utilizando una gran diversidad de estrategias e instrumentos financieros para hacer frente a sus necesidades, ya sea trabajando más, consumiendo menos, recurriendo a familiares o amigos, ahorrando en casa, pidiendo préstamos informales, vendiendo o empeñando bienes, entre otros.  Esto no es novedad para los que nos dedicamos al tema.  Lo que sí es novedad es la magnitud del nivel de insatisfacción de las necesidades financieras de la población mexicana, aún de aquella que ya está bancarizada, por parte del sector financiero formal. 

El reciente reporte de insights2impact (i2i) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), “Las necesidades financieras de la población mexicana: ¿Cómo resuelve la población mexicana sus necesidades financieras?”, describe la manera en la cual las personas recurrimos a instrumentos financieros o al efectivo para resolver diversos casos de uso (por ejemplo, cubrir la enfermedad de un hijo, adquirir una vivienda, pagar la luz), que suelen caber dentro de cuatro necesidades financieras que i2i ha identificado:

  1. Transferencia de valores – La necesidad de pagar o recibir un pago por algo.
  2. Liquidez – La necesidad de cubrir gastos dentro de un ciclo de ingresos.
  3. Resiliencia – La necesidad de cubrir gastos sustanciales, resultado de una emergencia económica.
  4. Cumplimiento de metas – La necesidad de cumplir metas de vida que no se pueden financiar con un sólo ciclo de ingresos.

El reporte revela que son muy pocas las personas que expresan haberse apoyado en servicios financieros formales para satisfacer casos de uso dentro de las cuatro categorías de necesidades financieras, como puede apreciarse en la figura 1.

Figura 1. Uso de servicios financieros formales por adultos según necesidad expresada

Figura 1. Uso de servicios financieros formales por adultos según necesidad expresada

Fuente: Encuesta de necesidades financieras realizada en Puebla (2017).

El reporte también demuestra que el uso de estrategias e instrumentos informales proviene de “una elección racional” y no así de la falta de acceso o de conocimientos financieros, como a menudo suele suponerse. Las personas recurren a estos instrumentos, simple y sencillamente, porque les “resultan más convenientes y flexibles, y [les] generan una sensación de pertenencia”, cosa que los instrumentos financieros formales no han podido replicar, ni aún para muchos de los clientes ya bancarizados. Por ejemplo, entre aquellas personas que reportaron haber enfrentado afectaciones a su liquidez, los instrumentos utilizados para solventar el faltante fueron principalmente: la ayuda de familiares, el ahorro personal y préstamos de su círculo social, y no así el crédito o los ahorros formales, como se detalla en la figura 2. 

Figura 2. Porcentaje de adultos que usa diferentes mecanismos para cubrir la necesidad de liquidez

Figura 2. Porcentaje de adultos que usa diferentes mecanismos para cubrir la necesidad de liquidez

Fuente: Encuesta de necesidades financieras realizada en Puebla (2017).

Lo anterior ha tenido como consecuencia un escenario en donde el papel que juegan los instrumentos financieros formales en la vida de muchos hogares mexicanos ha sido inexistente (en el caso de segmentos aún excluidos), o bien, muy limitado. 

En este sentido, el reporte también indica que las estrategias e instrumentos informales suelen ser insuficientes para reducir la vulnerabilidad financiera en la que se encuentran muchos hogares en México. Al padecer una emergencia económica, tal como una enfermedad, un desastre natural o la pérdida del empleo, las personas reportan recurrir a sus propios ahorros, o bien, a préstamos de su círculo social o de familiares.  No obstante, casi 2 de cada 10 personas indicaron que se habían tardado al menos tres meses en recuperarse; más 6 de cada 10 se tardaron más. Esto indica que los niveles de resiliencia entre la población encuestada son bajos y que los mecanismos informales no son suficientes para trascender momentos de dificultad financiera. 

Es imperativo pasar de medir el acceso y el uso de productos financieros, a medir el impacto que éstos tienen en la población.

Un hogar financieramente vulnerable no es un hogar financieramente sano. Los que impulsamos la inclusión financiera quisiéramos creer que, tanto el mercado aún no cubierto como el subatendido por el sistema financiero, representan una gran oportunidad de negocio a través de la cual los proveedores realmente podrían satisfacer las necesidades financieras de la población con productos más relevantes y especializados.  Sin embargo, hay que hacer la pregunta incómoda: ¿es capaz el sector financiero tradicional de cubrir las necesidades financieras de la población mexicana? ¿Cómo debería demostrar su voluntad y capacidad de hacerlo? Pongámosla fácil, comenzando por la población urbana de ingresos moderados a bajos, para quien los retos de conectividad, tenencia de celular inteligente y proximidad a puntos de acceso no es un problema.

Para conocer la respuesta a las preguntas anteriores, es imperativo pasar de medir el acceso y el uso de productos financieros, a medir el impacto que éstos tienen en la población, como buscó hacer el estudio de i2i y la CNBV. Esta es la única forma de saber en qué medida los servicios financieros formales están sirviendo de algo y haciendo una diferencia positiva en la salud financiera de la gente. De no ser así, ¿de qué sirve estar financieramente incluido? Los servicios financieros, analógicos y digitales, tendrían que demonstrar que ayudan a la gente a construir resiliencia, permitiéndole prepararse adecuadamente para emergencias y superarlas cuando éstas sucedan; que contribuyen a la estabilización de su consumo, facilitando liquidez cuando ésta se requiera; que le apoyan a lograr metas o proyectos de vida que aporten a su bienestar.  Sin esto, difícilmente podríamos decir que la inclusión financiera está ayudando a construir la salud financiera de la población.  Y ése debería ser su objetivo. 

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Fernando Manzo-Ramos
08 Octubre 2019

Muy interesante la información sobre el comportamiento financiero de la población ante situaciones emergentes. Dos cosas me llaman la atención: (i) parece ser que las personas cuentan con una cultura financiera amplia que se aplica de acuerdo a estándares muy particulares e importantes para la población y (ii) parece que el portafolio de servicios y productos informales de los que echa mano la población es diverso y pertinente. Entonces el problema de la inclusión financiera está en la limitada capacidad y poco interés por parte de la oferta para ofrecer servicios y productos que estén acordes a una cultura financiera sofisticada y a un oferta informal altamente eficiente.

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